lunes, 24 de diciembre de 2012

¿Dulce Navidad?



Hoy voy a escribir poco… Ayer, si, ayer… Me di cuenta que estábamos a día 23, y que hoy era Nochebuena, momento en el cual el bajón fue importante. Primero porque nunca me ha gustado la navidad, fecha de risas, alegrías y tiempo que pasar con la familia… Una familia en la que siempre ha faltado alguien, para mi han sido fechas de añoranza, y ahora si cabe aun más. De ahí el segundo motivo, Tú, no estás, me falta mucha gente, mucha, más de la que debiera, y seguro que más de la que mereciera… He tenido una vida dura y difícil en ese sentido, y los sabes. Pero tú… Eras mi apoyo, eras mi todo, y fuiste el golpe casi definitivo, pues también fuiste aliento para seguir adelante aun tras tu marcha.

Nada es lo mismo en navidad si no tienes contigo a los tuyos… Yo tengo a mis amigos siempre, que son como una familia para mí, y que siempre procuran que no esté solo. Tengo a mi hermano, a mis peques, pero nada es lo mismo por mucho que quiera, si no estás tú.
Quien me arrastrabas de casa para ver los alumbrados navideños, quien me acompañaba en compras de regalos, quien me arrancaba sonrisas en cenas en las que no quería estar.
Tu entusiasmo era similar al de un niño en los días de Navidad o Reyes, y eso, pese a mis peques que me hacen sonreír, me sigue faltando.

Nunca me ha gustado la navidad, en cierto modo, incluso llegué a odiarla por motivos que no vienen al caso, pero que tú bien sabes. Pero aun así me “obligaste” a vivirla, y ahora… Ahora nada es lo mismo y nunca lo será, llegarán tiempos mejores, siempre tendré a mi gente, pero siempre me faltarás Tú.


Feliz Navidad, y felices fiestas a todos los que leéis este blog.

Aless.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Encuentros en la Lluvia -10-


Todo era extraño, Julia no sabía que hacer, Paolo necesitaba hablar con ella, los amigos de ambos estaban totalmente sorprendidos, y apenas sabían de que iba la historia en cuestión.

- Julia, necesitaba decirte algo…
- Paolo, de verdad, déjalo.
- Solo tomemos un café, hablamos, y no te volveré a molestar.
- ¿Para qué?
- Porque aun no entiendo la razón, pero no desapareces de mi mente ni de noche, ni de día.
- …
- Solo un café, y si no quieres, no volverás a verme.

Ambos estaban completamente empapados, las amigas miraban a Julia desconcertadas… Los amigos animaban a Paolo a marchar… Y cuando estaba apunto de hacerlo, tras agachar la cabeza, tras soltar su brazo casi por inercia…

- Solo un café…
- Si, solo un café Julia.
- De acuerdo.

Ambos marcharon juntos hasta una cafetería cercana… Y tanto Judith y Paula por un lado, como el resto de amigos de Paolo por otro, se marcharon, aunque realmente las dos primeras no andaban demasiado lejos.
Se sentó Julia, y frente a ella Paolo, estaban empapados, el pelo de Julia goteaba sobre la mesa… El camarero se acercó a preguntar, mirándolos un poco sorprendido.

- Tomaré un café solo.
- Yo tomaré lo mismo.

Tras marcharse el camarero, comenzaron a hablar, con nerviosismo, pero sin pausa.

- ¿Qué quieres Paolo? Me lo dejaste claro el primer día, y luego la noche que me diste plantón.
- Ya te dije que pasó ese día, de verdad, ha sido todo extremadamente raro.
- ¿Raro? ¿Sabes que es pasarte más de media hora esperando a alguien que no sabes si llegará?
- Lo siento… De verdad que lo siento.
- Puedes sentirlo mucho, pero no me basta con eso.
- ¿Y que quieres que haga? No puedo volver atrás…
- Nada, tengo claro que fue un error, una niñería mía el pensar en el destino, y esas estupideces.

Las duras palabras de Julia crearon un ligero silencio, alargado por el camarero al traer ambos cafés.


- Desde esa mañana, en la que casi te atropello, no he podido sacarte de mi cabeza, y lo he intentado con insistencia. Lo que te dije esa primera noche, esas palabras, iban dirigidas más a mi que a ti… Quería auto convencerme, pero no puedo, no lo entiendo, pero sigues ahí.
- ¿Eso es todo Paolo? Eso es lo que tienes que decirme… Que lo sientes mucho, que te has encaprichado de una chica, a la que cuando te canses, dejarás sin más, cuando te aburras.
- Yo nunca me encapricho, ni creo en el destino, ni en los flechazos, ni en nada de eso… No soy una persona fácil en las relaciones, ni suelo fijarme en cada chica que pasa…
- Pero de mi si… Que típico suena eso, de verdad.
- No puedo convencerte, no puedo usar más que palabras si no me dejas demostrarlo con hechos. No pue…
- Nada. Déjalo de verdad, estamos perdiendo el tiempo, tú simplemente te has fijado en una chica joven por un par de coincidencias. Yo me dejé llevar por mis ilusiones estúpidas.

Julia se levantó y se marchó rápidamente, evitando que Paolo consiguiera ver las lágrimas que brotaban de sus ojos… Dos calles más adelante sus amigas estaban esperándola, y la acompañaron hasta casa para hablar con ella.
Paolo se quedó sentado al menos 10 minutos más, sin apenas moverse, pensando, recordando las palabras de esta chica, y planteándose si debía dejarlo correr, o seguir intentado hacer algo. Poco después se levantó dejando el dinero de los cafés sobre la mesa… Y salió de la cafetería con las ideas claras.

Continuará…

domingo, 16 de diciembre de 2012

Encuentros en la Lluvia -9-



Julia, Paula y Judith salieron con destino a quien sabe donde… Sin lugar fijo, sin objetivo, comenzaron a caminar charlando tranquilamente, entre risas y a veces carcajadas que hacía imposible que pasaran desapercibidas entre la gente. Tampoco era disimulada la vestimenta de Julia, su bufanda, sus guantes, su gorro, todo rojo, un rojo que se distinguiría a kilómetros.
Tras unas copas en un bar, decidieron volver al camino, en busca de un lugar donde comer, un lugar diferente, y emprendieron la marcha… Justo cuando comenzaba a llover.

- ¿¡Julia!? ¿¿¡¡Julia!!??
- ¿Disculpe?

Al acercarse la chica, Paolo descubrió que no era ella pese a la similitud de sus rasgos…

- Me equivoqué, lo lamento.
- Ah, no pasa nada.

Así pues, entró al local donde había quedado con sus amigos, y donde aun no había nadie, su excesiva puntualidad le hacía llegar siempre antes de la hora, y solía tener que esperar.
Se deshizo de su chaqueta empapada, y se acomodó en una mesa esperando a sus amigos, que fueron llegando “gota a gota”, hasta que unos 10 minutos más tarde, llegó Francisco el último.

- Ya era hora de que llegaras Francis.
- Eh, tampoco he tardado tanto.
- No, yo llevo media hora aquí…
- Tú y tu obsesión con la puntualidad.
- Si, si, lo que tu digas.
- Por cierto… ¿Quién era la chica del otro día?
- ¿Qué chica?
- Te vi hablando con una cuando marchabas del “Blue Note”.
- Nadie.

Y en ese momento se apresuró a pedir al camarero que se acercase, dejando a Francisco con la palabra en la boca… Durante la comida no volvió a surgir la conversación, pues todos tenían cosas que contar, ya fueran del trabajo, de casa, de la familia o simplemente sobre la delicada situación del país, una conversación habitual en estos tiempos que corren.

- Si no fuese porque están casi igual que aquí, me volvería a Italia.
- ¿Para que?
- Pues para estar en mi tierra, con mi gente, no se… Viendo como está la cosa aquí.
- Eh, ¿Nosotros no somos tu gente?
- Claro que si, ¿Me he ido? Pero quien sabe si algún día…


Julia y sus amigas caminaban bajo la lluvia, Judith iba con su paraguas amarillo, Paula trataba de refugiarse bajo este, pero Julia no… Siempre disfrutó de la lluvia cayendo sobre si, por un momento cerró los ojos, mientras sus amigas hablaban, y de repente…

- ¡Perdón! Estaba despistada.
- No pasa nad… ¿Julia?
- Paolo… Esta vez te atropellé yo, disculpa, no quería molestar.

Judith y Paula observaban atónitas el momento, mientras Julia comenzaba a aligerar el paso, entonces Paolo la cogió suavemente del brazo y aun desde su espalda la lanzó un susurro.

- Lo siento.

Eso la hizo girarse, le miró fijamente buscando la sinceridad en sus ojos, y dejando que prosiguiera con su “disculpa”.

- Fui tarde al “Blue Note”, tuve un día horroroso en el trabajo, llegué tarde a casa y cuando quise fijarme, era tarde…
- No tienes que explicarme nada.
- Pero quiero… No sabes cuanto deseaba verte.

Mientras la conversación continuaba, los amigos de uno y otro estaban anonadados mirando la escena…

- Julia, necesitaba decirte algo…

Continuará…

sábado, 8 de diciembre de 2012

Encuentros en la Lluvia -8-

Julia pasó toda la noche dando vueltas en la cama, no alcanzaba a entender si Paolo se reía de ella, sin pecaba de ingenua, si lo que debía hacer era dejarlo todo de lado ya, y olvidarse de ese hombre… O si simplemente nunca debió pasar nada de aquello, noche de pensamientos negativos para una chica que siempre solía ser extremadamente positiva.
Al día siguiente con una jaqueca inmensa, pasó toda la mañana en pijama tocando la guitarra y colgando las llamadas de sus amigas… Solo quería silencio y tranquilidad.

Tras un viernes horroroso, Paolo como cada sábado comenzó a limpiar la casa, y hacer el resto de tareas de un “amo de casa”, el vivir solo es lo que tiene, y era una persona muy ordenada y limpia… Mientras lo hacía, con Guns ‘N’ Roses de fondo pensaba en el plantón que había dado a Julia, si es que se había presentado, claro está, y en como lograr localizarla sin tener que esperar al siguiente jueves.
Esa tarde se decidió a volver al “Blue Note” confiando en que Julia estaría o aparecería por allí.

- Hola, buenas, ¿me pone un whisky solo con dos hielos por favor?
- Claro.

El chico que había aquella tarde en la barra le sirvió el whisky y el aprovechó para preguntar.

- ¿Disculpa, conoces a Julia?
- ¿Cómo?
- Si, una chica que toca la guitarra aquí los jueves.
- Ah, si, claro.
- ¿Sabes si vendrá hoy?
- Ni idea, viene mucho con sus amigas, pero salvo el jueves, no tienen días fijos.
- Ah…  ¿Y sabes su número o algo?
- No puedo dárselo, ni lo haría, no le conozco.
- Ya… Gracias.

Se empezaba a quedar sin ideas pero pasó toda la tarde/noche del sábado esperando en el pub por si tenía suerte y lograba encontrarse con ella, seguía sin tener muy claro el porqué de todo, pero no se lo preguntaba ya, solo quería verla… Y hablar con ella.

Julia tras pasar toda la mañana encerrada por la tarde decidió coger su cámara y salir a hacer fotos, otra de sus grandes aficiones, pasó toda la tarde en ello, con su chaqueta negra y su gorro, guantes y bufanda rojo, junto a sus zapatos amarillos… Era un día bastante frío, pero pese a ello salió sin miedo a fotografiarlo todo, combinando sus colores…


La noche la pasó bajo una manta, comiendo pizza y viendo películas de ciencia ficción, había decidido que el sábado sería su día, y no iba a cambiar de opinión pese a la cantidad de llamadas o mensajes que le dejaron Paula y Judith, el domingo decidiría que hacer.
Y así fue, el domingo nada más despertarse se duchó, se vistió y fue a recoger a Paula a casa, tras hacerlo fueron a por Judith, operación: “Pasar todo el día fuera”.

Paolo también tenía planes para el domingo, había quedado con sus amigos habituales para salir a comer, se trastocó todo un poco al ponerse a llover, cambio de lugar, de horario y de planes posteriores. El lugar “Vadebaco”, buen lugar de tapas y vino, la hora: 14.30, y allí iba, difícil aparcar así que con tiempo, un par de vueltas y por fin logró dejar el coche.
Salió de este y se puso la chaqueta negra sobre la cabeza, no solía usar demasiado el paraguas, y a lo lejos... Una chica de piel blanca como la nieve, guantes, bufanda y gorro rojo y una mirada conocida, llamó su atención.

- ¿¡Julia!? ¿¿¡¡Julia!!??

Continuará…

martes, 4 de diciembre de 2012

Encuentros en la Lluvia -7-

Paolo se presentó el viernes en su despacho bastante animado, llegaba el fin de semana, tenía un día a priori tranquilo, y su jueves noche fue sorprendentemente relajante.

Pasó toda la mañana fuera, entre reuniones y juzgados, y al volver al despacho tenía a su jefe una vez más esperando.

- Paolo, tenemos que hablar del caso Rivera.
- Ya le he dicho que no defenderé a ese hombre.
- A ver Paolo, has defendido a mucha gente culpable, ¿A que vienes esto ahora?
- A que no voy a defender a un cabrón que violó a una menor, a que tengo sobrinas de esa edad, a que si lo tuviera delante es más fácil que le golpeara, a que tratara de hacer algo por él.

Su jefe quedo callado durante unos instantes, mirándolo fijamente… Paolo no sabía si quizás pudo haberse excedido, pero no se arrepentía de sus palabras.

- Paolo, es nuestro trabajo aunque no nos guste, es lo que hacemos, nosotros no juzgamos, para eso ya hay otros.
- Arturo, sabes que nunca te he negado un trabajo, pero esta vez no vas a convencerme. Se a lo que me dedico, y se porque lo hago, pero esta vez no.
- Está bien… Pero he de admitir que no me lo esperaba de ti.
- Lo lamento, pero mi decisión está tomada.

Julia se saltó las dos únicas clases que tenía el viernes, prefirió quedarse descansando, había tenido una semana muy ajetreada y la noche había sido larga pese a no haber llegado tarde a casa. La verdad es que había dado muchas vueltas a la nota que Paolo le había dejado, y estaba hecha un lío, por un lado estaba convencida de que debía dejar ese tema de lado, pero por el otro, la nota la había confundido. De repente sonó el teléfono y Julia tras sobresaltarse atendió la llamada.

- ¿Si?
- Julia soy Paula, ¿Por qué no has venido a clase?
- Estaba muy cansada, necesitaba dormir, y pensar.
- ¿Estás bien? Te noto rara.
- Si, si, claro, perfectamente.
- ¿Seguro? Desde que te dieron esa nota anoche, estás muy rara.
- De verdad Paula.
- ¿De quien era la nota? ¿Era del hombre ese?
- No era nada, de un viejo amigo.
- No me engañes…
- En serio, no te preocupes Paula, te veo luego.
- Vaaaaale.

Tras colgar, Julia releyó la nota:

“Te veo mañana en el mismo sitio, a la misma hora… Paolo”.

Cogió la manta y se tapó la cabeza, debajo de la cual pasó gran parte de la mañana pensando si acudir o no a la “cita” propuesta por el hombre que estuvo apunto de atropellarla, y el cual en su primer encuentro ya le había dicho que se olvidara de él… ¿Qué le pasaba? ¿Por qué cambiaba así de idea?

Paolo por el contrario tras la discusión con su jefe, vio como su día alegre se transformaba en un desastre, todo comenzó a salirle mal, y para culminar un maravilloso día, un atasco infernal le hizo llegar a casa a las 21.30 de la noche… Tal cual entró por la puerta fue lanzando partes del traje por la casa, corbata, camisa, todo… Y se metió bajo la ducha.
Al salir de esta se puso cómodo, se preparó algo de cenar y puso la televisión, al mirar la programación fue cuando por fin se dio cuenta de la hora que era: 22.45.

Julia finalmente se presentó en el “Blue Note” a las 22.00 de la noche, la misma hora, el mismo lugar, se había decidido tras pensarlo mucho. Pidió una copa y espero pacientemente.
A las 22.30 y tras la segunda copa comenzó a dudar de todo, de él, de si había hecho lo correcto, de si se estaba riendo de ella… A las 22.50 decidió marcharse.


Continuará…